EL SHEM SHEMAFORASH
eos arios y les arrebataron la tierra prometida. Estamos, sin duda, de frente a la mayor reliquia del judaísmo y un símbolo importante en la masonería York.Todo se basa en el conocimiento de una palabra secreta que es el verdadero nombre de Dios, una palabra que, al abarcar a Dios, abarca su Creación y tiene fuerza para modificar la naturaleza. Es palabra se denomina en hebreo, el Shem Shemaforash.
En los tiempos bíblicos solamente la conocían dos personas, el Baal Shem o Maestro del Nombre, que solía ser el Sumo Sacerdote, y otra persona designada por él para que la palabra no se perdiera en caso de fallecimiento súbito del Baal Shem.
Una vez al año, el Sumo Sacerdote se revestía con un peto ceremonial en el que había engastadas doce piedras de distinta naturaleza (una por cada tribu de Israel), y penetraba solemnemente en el sanctasantorum del templo para pronunciar el Shem Shemaforash ante el Arca de la Alianza, en voz baja. EL arca de la alianza era el asiento de dios. De este modo se renovaba la alianza entre dios y la humanidad y se renovaba la creación para que el mundo continuara existiendo.
El rey salomón era el segundo depositario del Shem Shemaforash, y para evitar que algún día pudiera perderse ideó una especie de jeroglífico geométrico a partir del cual puede deducirse la Palabra Secreta. EL rey judío lo hizo inscribir en una plancha metálica, una especie de talismán de oro engastado con piedras preciosas que los autores latinos denominan la Mesa de Salomón, y los autores árabes, el Espejo de Suliman. Este objeto se guardaba en el sanctasanctorum del templo, junto con el arca de la alianza y los otros tesoros sagrados.
Cuando los romanos conquistaron Jerusalén, en tiempos de Tito, se apoderaron de la Mesa de Salomón y la depositaron en el templo de Júpiter, en Roma, donde permaneció cuatro siglos, hasta que los godos conquistaron Roma y se llevaron el tesoro imperial. Tiempo después, cuando los moros invadieron el reino godo de España, la Mesa de Salomón formó parte del botín que reclamaba el califa de Bagdad, pero en este punto la pista se perdió. Al parecer quedaron copias de su jeroglífico en algunos monasterios de la región. Desde entonces, el secreto de la Mesa de Salomón se ha buscado en esos santuarios. Los templario poseían el Shem Shemaforash, la Palabra Secreta, y realizaban cada año los ritos de propiciatorio, oficiando el Gran Maestre como Sumo Sacerdote.
Palabras de los Maestros de El Colegio Invisible.

